Gabinete Técnico en materia de Igualdade Laboral e de Oportunidades e contra a Fenda Salarial

La mayoría de nosotros/as, estamos en desacuerdo ante actitudes racistas o machistas de las que somos testigos en nuestra vida cotidiana (en el autobús, en una consulta médica, en el taller del coche, en el súper, en el parque, en el ámbito laboral…) y alguna vez hemos comentado o pensado “queda un largo camino para que las condiciones de nuestra sociedad sean realmente igualitarias”.

Es más, seguramente, en algún momento le hemos aconsejado o llamado la atención a alguien de nuestro entorno para que eviten tener actitudes no adecuadas.

Vamos a poner unos cuantos ejemplos (que podrían ser muchos más…):

  • Comentarios prejuicios y/o estereotipados: los hombres tienen más autoridad, las mujeres son demasiado sensibles para ejercer puestos de mando…
  • Faltas de respeto o desprecio hacia algún colectivo por razón de sexo, raza, religión, orientación sexual…
  • Dar por hecho que las tareas domésticas y de cuidados son “tareas femeninas”.
  • Conocer casos de acoso en el ámbito laboral y mirar hacia otro lado.
  • Callarse ante un comentario machista hacia una compañera de trabajo.
  • Tener conocimiento de situaciones de violencia de género y adoptar la actitud de “es un tema privado, es mejor no meterse”.
  • No anotarse a formación relacionada con la Igualdad porque “no vale para nada”.
  • Valorar más la opinión de un hombre que el de una mujer.
  • Referirse a los hombres por el apellido y a las mujeres por el nombre de pila.
  • Distinguir entre señorita y señora (soltera/casada) con una mujer (y no hacer esa distinción con los hombres en función del estado civil).
  • Usar la palabra “provocador” para describir el atuendo de una compañera.
  • Ver normal que en una entrevista de trabajo a las mujeres se les pregunte si tienen hijos/as y a los hombres no.
  • Preguntar a la mujer cómo compagina su vida laboral y familiar (y no al varón).
  • Devaluar a las mujeres en reuniones de trabajo
  • Hacer comentarios malintencionados cuando ascienden a una mujer.
  • Contar chistes sexistas
  • Presentar a una mujer por el cargo o la posición de su marido («esta es la mujer de…») en vez de por su nombre y profesión.
  • Mostrar extrañeza o rechazo hacia actitudes de corresponsabilidad por parte de los varones (que planchen, cambien pañales, o disfruten permisos de lactancia…)
  • Pacientes que se niegan a que los asee un enfermero varón (prefieren para esas tareas a las mujeres).
  • Ausencia de lenguaje inclusivo
  • Dejar salir hasta más tarde a un hijo que a una hija (con la misma edad)
  • Ver normal y “lógico” que un padre no sepa hacer una coleta a su hija.
  • Frases en el hogar por parte de la mujer como: “Déjame que tú no sabes” o “quita que yo lo acabo más rápido” (que contribuyen a que la corresponsabilidad no avance).
  • Actitudes “condescendientes” (de supuesta ayuda en actividades “femeninas”) por parte de los progenitores: ayuda a tus hermanas a limpiar (le dicen al chico).
  • Comentar que las mujeres conducen peor que los hombres
  • Decirle a un niño que jugar con muñecas es de niñas
  • Asumir continuamente la heterosexualidad de las mujeres y de otros hombres.
  • Negarse a aceptar palabras nuevas (aunque estén aceptadas por la RAE, como «jueza» o «presidenta»).
  • Considerar normal que en televisión los presentadores varones sean los ácidos y divertidos y ellas las guapas.
  • Dirigirse a los hombres para hacer preguntas sobre automóviles, dinero o deportes dando por hecho que a ellas esos temas no le interesan.
  • Dar por hecho que conduce una mujer al ver realizar una maniobra no adecuada en otro coche.
  • Referirse al conjunto de la ciudadanía que está a favor de la igualdad como “las feministas”, en femenino, asumiendo que es una lucha únicamente reservada a las mujeres.

Seas hombre o mujer, seguro que has vivido alguna de estas situaciones

Pero…

  • ¿realmente tu papel ha sido llamarle la atención a la gente que lo hacía o aconsejarle para que no lo repitiese?
  • ¿O en algunos de ellos has sido tú la persona que merecía la llamada de atención?

Pues eso, al título del artículo nos remitimos; procuremos que nadie pueda decirnos:

“Consejos vendo, pero para mí no tengo”

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