este adolescentes
  • En el Capítulo I: los mensajes diferenciados “por colores” (azul/rosa).
  • En el Capítulo II: diferencia de trato entre niñas/os desde la infancia.
  • En el Capítulo III : que se les inculca a nuestros retoños a través de la publicidad

Hoy queremos centrarnos en el grupo de  jóvenes y adolescentes, basándonos en distintos estudios y análisis realizados en los últimos años. (Fuentes: Ministerio de Igualdad,  OMS, Diputaciones provinciales, UNICEF, Fundación ANAR, etc.)

De acuerdo con el último informe anual de ANAR: “desde el año 2.009, los casos de llamadas por violencia de género se han multiplicado por 10 y solamente en el año 2.015 se registraron un 34,9% más. En concreto a lo largo del 2015 fueron 318 los casos de menores adolescentes que contactaron por maltrato de su pareja o ex pareja, la mayoría (el 85%) de nacionalidad española”.

Por ese motivo, desde distintos Organismos e Instituciones se están realizando llamadas de atención ante el aumento de la violencia de género en parejas de adolescentes y jóvenes. Un dato preocupante, porque estamos hablando de las personas que a corto plazo serán las que gobernarán en el país, y el motor de  nuestra sociedad.

¿Por qué este retroceso en la lucha por la Igualdad precisamente en las nuevas generaciones?

¿Qué está pasando?

Veamos lo que se desprende de los distintos análisis sobre la materia:

Tipología de la violencia de género adolescente: agresión verbal (burlas, gritos, insultos…), conductas de control y dominación (con quién se relaciona, que información sube a RRSS, vestuario…), maltrato físico (empujones, golpes, quemaduras…) y agresiones sexuales (coacción o falso consentimiento en cualquier juego sexual no deseado).

  • En la Macroencuesta elaborada por el Ministerio de Igualdad (2015) alertaba de que, en un 25% de las relaciones en edades comprendidas entre los 16 y 19 años existía violencia de género, mientras que en el resto de la población adulta el porcentaje descendía al 9,6%. Los comportamientos violentos más usuales incluían aislar a la víctima de sus amistades y establecer relaciones conflictivas o abusivas, en las cuales se disfraza de muestras de amor a los comportamientos posesivos o violentos.
  • Existe cierto grado de “aceptación y normalización” con respecto a algunos “controles” a los que les someten sus parejas sentimentales.
  • Uno de los problemas es que no se reconoce que se está siendo víctima de un tipo de violencia, porque cuando esto ocurre en la etapa adolescente es una violencia más “sutil” y difícil de detectar (sobre todo en sus inicios).
  • En muchas ocasiones (cuando contactan con estas instituciones), no hablan de violencia de género, sino de problemas en el instituto u otro tipo de conflictos (por tanto, no denuncian, y ni siquiera lo comentan en su casa)

Factores de riesgo (posibles determinantes):

  • Factores de tipo personal tanto de la persona agresora (exposición a modelos familiares con actitudes sexistas, violentas o de sumisión) como de la víctima (fracaso escolar, baja autoestima, consumo alcohol…).
  • Factores del entorno que pueden favorecer o permitir conductas adolescentes violentas: instituciones educativas, políticas o religiosas que, puedan reproducir estereotipos de género, no sancionen las conductas de violencia en las relaciones de pareja o propugnen “resignación” frente al maltrato.

Según un estudio realizado en 15 países por la OMS y la Universidad de J.Hopkins (Baltimore, EEUU), los estereotipos de género arraigan en niños/as a los 10 años.

Es fundamental que el entorno de niños/as (familia, profesorado, amistades,  y en general, la sociedad) procuren no repetir los estereotipos de género porque estarían condicionando su comportamiento y expectativas que arrastrarán durante toda su vida.

El camino hacia la igualdad de género también pasa por la adolescencia y la juventud; necesitan tener información adecuada  para poder tomar decisiones que promuevan la igualdad.

Lograr la igualdad de género y promover la autonomía de las niñas contribuye a que todos (niñas y niños) alcancen su potencial.

Tanto ellos como ellas perciben de forma cotidiana la desigualdad de género en sus comunidades y hogares, en los medios de comunicación, en los libros de texto, y entre las personas que los cuidan. Madres y padres suelen asumir responsabilidades desiguales en las tareas del hogar (que suele recaer sobre ellas). Y los y las hijas lo ven e interiorizan.

Y, además, la etapa de la adolescencia puede presentar considerables obstáculos al bienestar de las niñas. Las normas de género y la discriminación incrementan el riesgo de embarazo no deseado, etc.; y, en países en vías de desarrollo, de VIH/SIDA y malnutrición.

Todo ello tiene una repercusión en el futuro de las niñas, incluido el ámbito laboral: a nivel mundial, casi 1 de cada 4 niñas entre los 15 y los 19 años carece de empleo y no se está educando ni capacitando, en comparación con 1 de cada 10 niños.

 Algunas sugerencias:

  •  Inculcarles respeto y consentimiento. Es fundamental que, desde edades tempranas, jóvenes y adolescentes aprendan qué es consentimiento y respeto en los abordajes y en las relaciones sexuales. Los/as adolescentes necesitan saber la diferencia entre el coqueteo y el acoso
  • Apoyar sus sueños y vocaciones. Alentar y apoyar al/la adolescente a seguir los caminos profesionales que desee, no limitando sus opciones a causa del sexo biológico.
  • Ayudarles a enfrentar el racismo, la discriminación y el bullying. Enseñar al/la adolescente a no involucrarse en actitudes y conversaciones degradantes con relación a otra persona. Es fundamental  que entiendan que es importante reprender cuando presencie una situación como ésta, tanto en el día a día de la escuela como online (hay estudios que demuestran que jóvenes víctimas de cyberbullying reportan más síntomas de depresión que los/as expuestos/as a lo demás tipos de acoso escolar). También es importante que los/as jóvenes de comunidades marginadas puedan identificar comentarios y ataques machistas, racistas y homofóbicos, además de saber cómo actuar y dónde denunciar.

Hasta aquí el capítulo IV. En el siguiente seguiremos desgranando el origen de la desigualdad, centrándonos en las  personas adultas, y, particularmente, en el ámbito laboral.

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