mindfulness

Mindfulness

La meditación experimenta desde hace años un tremendo auge globalmente, no sólo porque está de moda entre deportistas de elite, celebridades y en el mundo corporativo. También porque la ciencia ha acumulado suficiente evidencia de sus beneficios y porque fomenta una suerte de espiritualidad sin religión. Entrenar la mente se ha vuelto un pequeño superpoder al alcance de todos, dicen algunos, aunque también un ejercicio que empieza a trivializarse.

Se dice que es un antídoto para la ansiedad. Que reduce el estrés. Que mejora la concentración. Que permite observarse a uno mismo. Tomar mejores decisiones. Que es una fuente de espiritualidad del siglo XXI o la autoayuda que realmente funciona.

Y detrás de esas afirmaciones no hay únicamente personas que dicen namasté en vez de gracias, que se visten de morado porque es el color de la espiritualidad o que reciben sugerencias de YouTube con más horas de música new age, sino todo tipo de gente. Gente que se convenció de que así como es beneficioso ejercitar el cuerpo, vale la pena hacer lo mismo con la mente.

Es la meditación o más específicamente el mindfulness, cualidad mental que se cultiva en diversas prácticas meditativas y que consiste en mantener la atención en el momento presente.

Pese a ser un componente fundamental de diversos tipos de meditación budista, el término mindfulness (cuya traducción es “atención plena”) se usa también para denominar a la meditación que se viene desarrollando desde hace más de tres décadas en Occidente, una versión secular que creció al alero del sistema de salud y de los profesionales que la adaptaron .

En general, el mindfulness se ejercita prestando mucha atención a la respiración, las sensaciones físicas y, en etapas más avanzadas, a los pensamientos, las emociones y lo que sea que emerja en la conciencia. Visto desde afuera, es aún más simple: una persona sentada inmóvil, normalmente con los ojos cerrados y por un lapso de entre 10 a 40 minutos.

Este ejercicio introspectivo permite ir desarrollando habilidades aplicables cotidianamente, como saber lo que pasa en la cabeza sin dejarse atrapar por ello o responder más sensatamente a los estímulos en vez de meramente reaccionar.

Aparenta ser sencillo, pero expertos y practicantes coinciden en que requiere práctica y constancia. No es fácil, primero porque la mente no está acostumbrada a sostener la atención tanto tiempo en un objeto, como la respiración; y segundo, porque no es cualquier tipo de atención la que se busca. Es una atención consciente de sí misma y ecuánime, que no enjuicia lo que observa.

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A meditación experimenta desde fai anos un tremendo auxe globalmente, non só porque está de moda entre deportistas de elite, celebridades e no mundo corporativo. Tamén porque a ciencia acumulou suficiente evidencia dos seus beneficios e porque fomenta unha sorte de espiritualidad sen relixión. Adestrar a mente volveuse un pequeno superpoder ao alcance de todos, din algúns, aínda que tamén un exercicio que empeza a trivializarse.

Dise que é un antídoto para a ansiedade. Que reduce o estrés. Que mellora a concentración. Que permite observarse a un mesmo. Tomar mellores decisións. Que é unha fonte de espiritualidad do século XXI ou a autoayuda que realmente funciona.

E detrás desas afirmacións non hai únicamente persoas que din namasté no canto de grazas, que se visten de morado porque é a cor da espiritualidad ou que reciben suxestións de YouTube con máis horas de música new age, senón todo tipo de xente. Xente que se convenceu de que así como é beneficioso ejercitar o corpo, vale a pena facer o mesmo coa mente.

É a meditación ou máis específicamente o mindfulness, calidade mental que se cultiva en diversas prácticas meditativas e que consiste en manter a atención no momento presente.

Pese a ser un compoñente fundamental de diversos tipos de meditación budista, o término mindfulness (cuxa tradución é ?atención plena?) úsase tamén para denominar á meditación que se vén desenvolvendo desde fai máis de tres décadas en Occidente, unha versión secular que creceu ao beirado do sistema de saúde e dos profesionais que a adaptaron .

En xeral, o mindfulness se ejercita prestando moita atención á respiración, as sensacións físicas e, en etapas máis avanzadas, aos pensamentos, as emocións e o que sexa que emerja na conciencia. Visto desde fóra, é aínda máis simple: unha persoa sentada inmóbil, normalmente cos ollos pechados e por un lapso de entre 10 a 40 minutos.

Este exercicio introspectivo permite ir desenvolvendo habilidades aplicables cotidianamente, como saber o que pasa na cabeza sen deixarse atrapar por iso ou responder máis sensatamente aos estímulos no canto de meramente reaccionar.

Aparenta ser sinxelo, pero expertos e practicantes coinciden en que require práctica e constancia. Non é fácil, primeiro porque a mente non está afeita soster a atención tanto tempo nun obxecto, como a respiración; e segundo, porque non é calquera tipo de atención a que se busca. É unha atención consciente de si mesma e ecuánime, que non enjuicia o que observa.

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